ALCOHOLISMO

Etimología

Procede del sustantivo “alcohol” y del sufijo “ismo” que indica algún tipo de tendencia o propensión de algo.
Etiología
Los trastornos relacionados con el uso de alcohol se ubican dentro de un espectro continuo que abarca desde la intoxicación a la dependencia, pasando por el abuso. La dependencia de alcohol y el abuso del mismo son dos tipos de problema relacionados con la ingesta de bebidas alcohólicas. Se entiende que estamos ante un problema de abuso de alcohol o consumo perjudicial cuando la sustancia ya está causando un daño para la salud, tanto física como mental, ya sea porque la persona abandona sus obligaciones personales, porque consume en situaciones de riesgo, se asocia a problemas legales, o bien porque continúa bebiendo a pesar de las consecuencias negativas que le está causando.

Se hablaría de dependencia de alcohol, o lo que comúnmente se entiende como alcoholismo, cuando la ingesta de alcohol se convierte en el eje principal que vertebra el resto de áreas vitales (social, laboral, familiar). Las principales características clínicas de la dependencia son la tolerancia a la sustancia, entendida como la necesidad de consumir cantidades marcadamente crecientes para conseguir el efecto deseado o el efecto de las mismas cantidades disminuye con su consumo continuado; la aparición del síndrome de abstinencia (nauseas, sudor, temblores, ansiedad, entre otros) al interrumpir o disminuir el consumo prolongado y en grandes cantidades; la pérdida de control con respecto a la ingesta de la sustancia y la aparición del deseo insaciable y compulsivo de beber alcohol. Además, la persona emplea la mayor parte del tiempo en la obtención, consumo y recuperación de los efectos de la sustancia.

Las teorías Psicodinámicas postulan hipótesis relacionadas con la satisfacción de impulsos de manera inmediata, la intolerancia a estados internos aversivos, la búsqueda rápida hacia el placer y la huida radical del dolor, que disponen a que la persona encuentre en la ingesta de alcohol esa gratificación inmediata.
Los expertos apuntan a una combinación de factores genéticos, psicosociales y ambientales. Existen diferentes hipótesis que provienen de diversos enfoques que contribuyen a la explicación de factores de riesgo que pueden influir y aumentar la probabilidad de desarrollar una adicción al alcohol.

La perspectiva Socio ambiental entiende el uso de alcohol como facilitador de las relaciones interpersonales desde la desinhibición conductual, es decir, favorece la percepción de calidez en la sensación vincular.


La teoría Familiar postula que padres alcohólicos “proyectan” su alcoholismo en sus hijos
por identificación o imitación. Familias disfuncionales o desestructuradas, en las que predomina un clima extremadamente rígido, inflexible, normativo, pueden provocar una especie de “situación de asfixia” en la que el alcohol actúa como desinhibidor de esa tensión y rigidez.




Por último, desde la teoría Sistémica, se entiende la ingesta patológica de alcohol no como un trastorno relacionado con la sustancia, sino entendida como su acción en un sistema complejo como lo es el psiquismo de la persona, es decir, que el alcohol resuelve, aunque sea de manera patológica, alguna problemática generadora de angustia que supera los recursos de afrontamiento adaptativos de la persona.

Epidemiologia en México

Desde hace años las autoridades de salud han alertado sobre los problemas de salud pública que representan los elevados niveles de consumo de bebidas alcohólicas en nuestro país; actualmente la Secretaría de Salud informa que el consumo de alcohol en grandes cantidades se ha convertido en problema que afecta al 26.6% de la población nacional, además de que 4.8 millones de mexicanos tienen problemas de alcoholismo y requieren intervención especializada para poder superar su dependencia.
 Son amplias las referencias que se pueden obtener sobre los problemas que representa el consumo de alcohol, la violencia intrafamiliar, el ausentismo laboral y accidentes automovilísticos que hoy representan la primera causa de muerte entre los jóvenes de entre 15 y 30 años. Es precisamente este problema el que ha motivado a la aplicación de varios programas oficiales entre los que se cuenta el “Alcoholímetro” y “Conduce sin alcohol”.
Hábitos de consumo
La edad promedio en la que los actuales adultos mexicanos se iniciaron en el consumo de bebidas alcohólicas es de 17.4 años; los hombres que se iniciaron a una edad promedio más tempranas (16.8) que las mujeres (18.3). Otro dato a llamar la atención es que el 27% de la población y el 33% de los hombres declaran haber consumido sus primeros tragos antes de los 16 años.


Fisiopatología del alcoholismo

La cantidad de alcohol ingerida con una bebida determinada, es proporcional a su grado alcohólico y al volumen ingerido, multiplicado por 0.8 que es la densidad del alcohol.
gr = graduación x Volumen x 0.8 / 100
Tras su ingestión es rápidamente absorbido por la mucosa del estómago en un 30% y después por el intestino delgado proximal en el 70% restante. Se puede absorber por el colon y se han descrito casos mortales por absorción pulmonar por alcohol vaporizado. Se distribuye por los tejidos siguiendo el espacio del agua corporal y es casi completamente oxidado en el hígado siguiendo una cinética de orden cero (independiente de la concentración) a un ritmo de 15 a 20 mg/dl/hora dependiendo del peso corporal y probablemente del peso del hígado. Los alcohólicos crónicos pueden metabolizar el alcohol con doble rapidez. Sufre un primer y débil paso metabólico en la mucosa gástrica que contiene alcoholato deshidrogenasa y después difunde a todo el organismo por su coeficiente grasa/agua favorable. Su degradación es esencialmente por oxidación hepática en un 90% y un 10% puede ser eliminado por vías accesorias como son el riñón y el pulmón.
El alcohol está formado por una molécula de dos átomos de carbono y un grupo oxhidrilo (OH) unido a uno de los dos carbones, cuya estructura resulta muy soluble al agua (hidrofilia), e insoluble en grasas (lipófoba); se difunde fácilmente a través de las membranas biológicas, lo cual permite una amplia y fácil dispersión en el cuerpo. Debido a la gran permeabilidad de las membranas pulmonares, se puede analizar mediante el aliento.
El alcohol es capaz de atravesar la barrera hemoencefálica en un 90%, de ahí que se le atribuye un efecto directo, logrando incluso interferir en los potenciales de acción nerviosa; su influencia sobre la conducta se origina en la alteración de la corteza cerebral (Souza y Macharro, 1988).
Afectación de la enfermedad Bioquímicamente
Cuando el alcohol se ingiere produce cambios bioquímicos hasta ser convertido en una sustancia llamada acetaldehído, que pasa a la sangre y se convierte en compuestos inertes; una vez el alcohol ha sido metabolizado en acetaldehído, produce el cuadro de intoxicación; algunos teóricos sostienen que éste actúa sobre los neurotransmisores cerebrales para producir tetraisoquinolinas que interfieren en el funcionamiento neuronal. Sin embargo, los datos disponibles sobre su acción cerebral hablan de modos de acción inespecíficos. Lo mismo sucede con la acción de otros depresores del SNC.
Otro efecto reconocido es la alteración del metabolismo de la aldosterona, que produce retención de sodio, potasio y cloro; el poderoso efecto del alcohol en el gasto urinario ocurre, en parte, debido al resultado del efecto de la hipófisis posterior sobre la hormona antidiurética (Souza y Machorro, 1988). El 95% del alcohol ingerido permanece en el organismo hasta ser metabolizado a nivel hepático, en anhídrido carbónico (CO2) y agua (H20). Del 1 al 5% se elimina por el aire respirado y del 1 al 15% se elimina por la orina.
Las propiedades sedantes del alcohol hacen que éste tenga sobre el organismo un efecto anestésico sobre algunas áreas del cerebro, disminuyendo su actividad; y como todo medicamento sedante-hipnótico, actúa para favorecer la inhibición sináptica, producida por el transmisor denominado ácido gamma-aminobutírico [GABA] (igual sucede con las anfetaminas y barbitúricos).
El efecto anestésico se lleva a cabo principalmente a través de una acción inhibitoria en los receptores NMDA del neurotransmisor glutamato, que tiene un poder exitatorio en el cerebro (Collinbridge y Lester citados por Sánchez-Tutret, 1997), produciendo modificaciones en el mecanismo neuronal del hipocampo y córtex, lo que podría constituir correlatos neuroquímicos de la memoria y ser la base de sus efectos anestésicos .
Lista de órganos del cuerpo afectados por el consumo de bebidas alcohólicas
El alcohol afecta a diversos órganos del cuerpo, destacando su acción en:
CEREBRO: El alcohol en exceso inhibe las funciones de la región frontal, por lo que disminuye la memoria, la capacidad de concentración y el autocontrol. Se puede presentar un desborde emocional. Además, se inhibe la acción del sistema nervioso central por lo que hay un retardo en las funciones motoras como dificultades para caminar o para reaccionar ante estímulos exógenos.
HÍGADO: En el Hígado el etanol se transforma en acetaldehído y luego en acetato. Por su parte, el metanol se transforma en ácido fórmico. Los efectos de esta metabolización son náuseas, vómitos y dolor de cabeza.
RIÑÓN: El alcohol inhibe la función de la hormona antidiurética, por lo que aumenta la perdida de líquidos a través de la orina, el organismo implementa mecanismo de compensación para mantener el equilibrio y toma agua de otros órganos como puede ser el cerebro.
ESTÓMAGO: El alcohol en estomago aumenta las secreciones ricas en ácidos y mejora la digestión, cuando se excede produce una irritación de la mucosa y provoca una gastritis.
PIEL: A nivel de piel aumenta el flujo de sangre, por lo que presenta más sudoración
CORAZÓN: Los efectos del alcohol en este órgano son, aumentando la actividad levemente y acelerando el pulso.
PULMONES: Acelera la respiración. Si el alcohol circulante es demasiado la respiración se detiene.

Ayesta F.J. 2002. Bases Bioquímicas y Neurobiológicas de la Adicción al Alcohol. Universidad de Cantabria. Departamento de Fisiología y Farmacología, Facultad de Medicina. Cantabria, España. Dusek G. 1983. Drogas: Un Estudio Basado en Hechos. Editorial Fondo Educativo Interamericano.


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